Manuel Rosendo FernándezLic. en PsicologíaM.P. 48254
Ruta de montaña que dobla entre árboles de otoño
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Lograste cosas y, sin embargo, algo no cierra.

Crisis vitales y cambios de etapa

Cómo se vive

Llegás a tu casa, dejás las llaves en el mismo lugar de siempre y por un segundo pensás: ¿esto era? El trabajo está, la casa está, la gente que querés está. Hiciste buena parte de lo que te habías propuesto.

Pero a veces, en la ducha, te imaginás renunciando. Mirás perfiles de gente que dejó todo y se fue a vivir a otro lado, y algo se mueve. Alguien te pregunta cómo estás y contestás «bien» en automático, antes de pensarlo.

Otras veces es más chiquito: te comparás con compañeros del secundario en Instagram, te cuesta decir en qué trabajás sin sentir que tendrías que explicar algo más, o te descubrís haciendo cuentas de cuántos años te quedan para «hacer algo de verdad».

Y encima aparece la culpa: ¿cómo voy a quejarme si tengo todo? Entonces lo callás, lo dejás para el verano, lo tapás con un proyecto nuevo.

Algunas crisis tienen nombre

Hay momentos de la vida en los que estas preguntas aparecen con más fuerza. Son tan comunes que, en el lenguaje de todos los días, a algunos hasta se les puso nombre. Más que cuadros con fecha fija, son formas de describir procesos que muchas personas atraviesan:

  • Terminar el colegio y tener que elegir qué estudiar, a veces sin saber todavía quién sos. En los deportistas, el momento de dar el salto al profesionalismo o de dejar el deporte y empezar algo distinto de lo que habían soñado.
  • Lo que algunos llaman «crisis de los 30»: terminaste de estudiar, trabajás, y aparece la pregunta de si elegiste o fuiste siguiendo lo que había que hacer.
  • La famosa «crisis de los 40», que en Estados Unidos se conoce como midlife crisis: un balance de lo vivido hasta ahí y la sensación de que el tiempo ya no es infinito.
  • Los 50 y después: el cuerpo que cambia, los padres que envejecen y empiezan a necesitarte, la pregunta por lo que queda.
  • El nido vacío: los hijos se van y la casa, la rutina y la pareja quedan distintas.
  • La jubilación: el tiempo libre que tanto esperabas y no sabés bien en qué usar, y el lugar que te daba el trabajo, que ya no está.
  • Convertirse en madre o padre: una alegría que también reordena todo, incluso quién eras antes.
  • Un cambio de carrera, una mudanza o una separación, que obligan a rearmar quién sos en un lugar nuevo.

No hace falta que tu situación encaje en ninguna de estas. A veces la crisis no tiene una edad ni un hecho claro: simplemente, un día el mapa que tenías te deja de servir.

Un mapa nuevo no se arma con una decisión apurada ni esperando a que pase. Hace falta pensar qué cambió en tu caso, y conviene no hacerlo solo.

Un proceso que se construye entre dos

Lic. Manuel Rosendo Fernández, psicólogo

Cada persona llega con una historia distinta y una forma particular de afrontar la vida. Por eso no creo en un acompañamiento que obligue a todos a seguir el mismo camino.

Partimos de lo que hoy te preocupa, pero también de aquello que quizás todavía no pudo ser pensado o dicho.

Lic. Manuel Rosendo FernándezMat. 48254

Para que hablar no sea solo un desahogo, sino la oportunidad de hacer algo distinto con eso.

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Qué suele haber detrás

Estas crisis suelen aparecer en los cambios de etapa. Un cumpleaños que pesó más de lo que esperabas. Los hijos que ya no te necesitan como antes. Una separación. El ascenso que tanto buscaste y que, cuando llegó, no cambió lo que pensabas que iba a cambiar.

Muchas veces, el camino se fue armando con lo que había que lograr, con lo que se esperaba de nosotros o con lo que en algún momento nos dio seguridad. Puede funcionar durante años, hasta que un día seguir igual empieza a costar más que cambiar.

Cómo lo trabajamos

En las primeras sesiones no te voy a pedir que decidas nada. Ni renunciar, ni separarte, ni mudarte. Primero vamos a ordenar qué está pasando, porque cuando todo se mueve a la vez, es difícil distinguir el cansancio de la crisis.

Después aparecen preguntas que pocas veces tenemos tiempo de hacernos: qué parte de esta vida elegiste y qué parte fue llegando sola, qué cosas dejaste para más adelante, a quién le estás respondiendo cuando te exigís seguir igual. Desde ahí se puede pensar qué conservar, qué soltar y qué empezar, a tu ritmo y sin saltos al vacío.

A veces una crisis viene mezclada con otras cosas. Si lo que más pesa es el cansancio de no poder parar, quizás te sirva leer sobre autoexigencia y burnout. Si hubo una pérdida, sobre duelos. Si lo que predomina es el apagamiento, sobre desánimo y depresión.

Una crisis no siempre es un derrumbe. A veces es la señal de que algo necesita revisarse.

Quizás sea momento de consultar si…

  • hace meses que los domingos a la tarde se te hacen cuesta arriba, y no es por el trabajo en sí.
  • cumpliste lo que te habías propuesto y, en vez de alivio, sentiste un vacío.
  • contestás «bien» en automático y no te acordás la última vez que lo dijiste en serio.
  • un cumpleaños, una jubilación, una mudanza o la partida de los hijos te movió más de lo que esperabas.
  • estás frente a una decisión importante y das vueltas en círculo, o la vas postergando.
  • te comparás con dónde «deberías» estar a tu edad.
  • fantaseás seguido con dejar todo, pero no sabés qué querés en su lugar.
  • sentís que seguís adelante solo porque frenar te daría más miedo.

Importante: si junto con esto aparece un desánimo profundo, la idea de que nada vale la pena o pensamientos de hacerte daño, no esperes. Podés llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida, gratuita y disponible las 24 horas. Si estás en peligro, llamá al 112.

Preguntas frecuentes

Mi vida está bien, pero siento que algo no cierra

Es más común de lo que parece y no hace falta estar mal para consultar por eso. Muchas veces aparece cuando lo que te sostenía hasta ahora (un objetivo, un rol, una imagen de vos) dejó de alcanzar. Ponerle palabras a eso que no cierra es el primer paso para saber qué hacer con eso.

No sé qué quiero hacer con mi vida

No saber no es un fracaso: a veces es la señal de que algo necesita revisarse. En las sesiones no te voy a decir qué hacer, pero sí podemos ordenar qué parte de tu vida elegiste y cuál fue llegando sola, y desde ahí pensar hacia dónde.

Siento que perdí el rumbo

Perder el rumbo suele pasar en los cambios de etapa, cuando el mapa anterior ya no sirve y el nuevo todavía no existe. Ese intervalo angustia, pero también es el momento en que se puede elegir distinto. Vamos a ir despacio, sin saltos al vacío.

Tengo ganas de cambiar todo

Las ganas de cambiar todo suelen hablar de un malestar real, pero no siempre la solución es dar vuelta todo. Primero conviene entender qué está pidiendo cambio y qué conviene conservar. Muchas decisiones grandes se toman mejor después de ese trabajo.

¿Cómo sé si estoy atravesando una crisis?

Algunas señales: la sensación de vacío aunque las cosas «estén bien», dar vueltas en círculo frente a una decisión, dejar de disfrutar lo que antes te entusiasmaba, o seguir adelante solo por inercia. Si hace meses que te pasa, vale la pena mirarlo.

¿Existe la crisis de los 40?

Es una forma coloquial de nombrar algo que muchas personas viven alrededor de esa edad: un balance de lo hecho hasta ahí y la sensación de que el tiempo ya no es infinito. En inglés se habla de midlife crisis. No es un diagnóstico ni le pasa a todo el mundo a una edad exacta. Lo que sí es real es la pregunta que abre, y vale la pena tomarla en serio.

¿Y la crisis de los 30?

También se habla así de un momento que muchos atraviesan al terminar una etapa de formación, cuando las elecciones empiezan a pesar. Más allá del nombre, la pregunta de fondo suele ser si eso lo elegiste o te fue pasando.

Me jubilé y no sé qué hacer con mi tiempo

Es muy frecuente. El trabajo no solo ocupa horas: también da un ritmo, un lugar, una forma de presentarse. Cuando se termina, hace falta rearmar todo eso. En las sesiones podemos pensar qué querés que ocupe ese espacio, y también despedir lo que se fue.

¿Es una crisis o es depresión?

Pueden parecerse, y a veces van juntas. La crisis vital suele estar ligada a un cambio de etapa y a preguntas sobre el rumbo; en la depresión, además, cuesta levantarse, la energía no alcanza y casi nada entusiasma. En las primeras entrevistas podemos ver qué está pasando en tu caso.

¿Hace falta estar mal para consultar?

No. Muchas personas consultan justamente porque todo parece estar bien y aun así algo no cierra. Ese es un muy buen motivo.

Modalidades

Modalidades de atención

Sesiones de 50 minutos, habitualmente semanales.

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