Manuel Rosendo FernándezLic. en PsicologíaM.P. 48254
Gato detrás de un vidrio esmerilado, mirando hacia adentro
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Sabés cómo termina. Y aun así, volvés a hacerlo.

Vínculos y dependencia emocional

Cómo se vive

Mirás su última conexión más veces de las que te gustaría admitir. Te prometiste no escribirle, y a las dos de la mañana le escribiste. Antes de hablar, ensayás cómo decir las cosas para que no se enoje.

Cancelaste planes con amigos por si te llamaba. Sabés cómo va a terminar la discusión antes de que empiece, y aun así entrás. Cuando por fin te alejás, a los pocos días la casa te queda grande y volvés.

No siempre es una pareja. Puede ser una madre, un amigo, un jefe: alguien que ocupa tanto lugar que, sin darte cuenta, te fuiste achicando para que entre.

Cuando el otro hace que dudes de vos

Muchas personas llegan a consulta después de buscar en Google «relación con un narcisista». La expresión se volvió muy popular para nombrar un tipo de vínculo muy reconocible:

  • al principio, una intensidad que parecía perfecta;
  • después, críticas sutiles, silencios que castigan, celos que se presentan como amor;
  • y una sensación creciente de que el problema sos vos.

Te descubrís pidiendo perdón por cosas que no hiciste, dudando de tu memoria («eso nunca lo dije») o explicándole a tus amigos por qué en realidad no es tan así.

Más allá del nombre, no hace falta ponerle un diagnóstico al otro para tomar en serio lo que estás viviendo. Lo que importa es lo que ese vínculo te está haciendo a vos: cuánto lugar te queda, cuánto te creés, cuánto te alejaste de la gente que querés.

Es frecuente que en estas relaciones se arme una dinámica de dependencia: el otro alterna momentos de mucha cercanía con otros de frialdad o desprecio, y esa alternancia engancha más que cualquier vínculo estable. Por eso irse cuesta tanto, aunque se sepa que hace daño.

Salir de esa dinámica no depende solo de decidirlo. Hace falta entender qué te engancha a vos, y conviene no hacerlo solo.

Un proceso que se construye entre dos

Lic. Manuel Rosendo Fernández, psicólogo

Cada persona llega con una historia distinta y una forma particular de afrontar la vida. Por eso no creo en un acompañamiento que obligue a todos a seguir el mismo camino.

Partimos de lo que hoy te preocupa, pero también de aquello que quizás todavía no pudo ser pensado o dicho.

Lic. Manuel Rosendo FernándezMat. 48254

Para que hablar no sea solo un desahogo, sino la oportunidad de hacer algo distinto con eso.

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Qué suele haber detrás

Muchas veces, las formas de querer se aprenden temprano. Si en algún momento el cariño vino mezclado con miedo, con condiciones o con la sensación de que había que ganárselo, es posible que hoy lo conocido, aunque duela, se sienta más seguro que lo distinto.

Por eso volver no es tonto ni débil. A menudo es buscar algo que en ese vínculo, aunque sea a veces, aparece. Entender qué es, y qué estás evitando cuando volvés, cambia mucho las cosas.

Cómo lo trabajamos

No te voy a decir qué hacer con tu relación ni a quién tenés que dejar. Vamos a mirar cómo se repite la escena: qué pasa justo antes de volver, qué sentís cuando estás lejos, qué te decís para justificar lo que no te gusta.

Muchas veces aparecen patrones que vienen de antes y que se repiten con distintas personas. Cuando se ven con claridad, se vuelve posible elegir en lugar de repetir. Y mientras tanto, vamos a ir recuperando lo que quedó afuera: tus amigos, tus planes, tu propia voz.

Si saliste, o estás saliendo, de un vínculo así, el trabajo también es volver a confiar en tu propia percepción: ordenar lo que pasó, poner en palabras lo que en su momento no se podía, y entender por qué te quedaste sin culparte por haberlo hecho. Desde ahí se puede pensar cómo poner distancia, cómo manejar el contacto si hay hijos o cosas en común, y cómo no volver a entrar en la misma dinámica.

A veces hay que entender qué estamos buscando, o evitando, cuando volvemos.

Quizás sea momento de consultar si…

  • sentís que tu ánimo depende de cómo te contesta otra persona.
  • te alejaste de gente que querés.
  • te cuesta decir que no por miedo a perder a alguien.
  • te encontrás repitiendo la misma historia con personas distintas.
  • empezaste a dudar de tu memoria o de tu criterio en esa relación.
  • saliste de un vínculo así y todavía no te reconocés.

Importante: si en tu relación hay maltrato, amenazas, control de tu dinero o de tu celular, o te sentís en peligro, no estás exagerando. En Estados Unidos, la Línea Nacional contra la Violencia Doméstica (1-800-799-7233) atiende las 24 horas, en forma gratuita y confidencial, también en español. Si estás en peligro inmediato, llamá al 911 (o al número de emergencias de tu país).

Preguntas frecuentes

Sé que esta relación no me hace bien y no puedo irme

Saberlo no alcanza, y eso no te hace tonto ni débil. Si te cuesta irte, es porque ese vínculo también te da algo, o porque estar sin él asusta más. En las sesiones miramos qué es eso que te retiene y qué tendría que pasar para que puedas elegir, en lugar de quedarte por miedo.

Necesito que me respondan para quedarme tranquilo

Cuando la tranquilidad depende de la respuesta del otro, cada demora se vive como una amenaza. No es exageración: suele haber una historia detrás, a veces de vínculos donde el cariño era incierto. Trabajamos en entender esa alarma y en construir una calma que no dependa del celular.

Siempre termino poniendo al otro primero

A veces ocuparse del otro fue la forma de asegurarse un lugar. Funciona un tiempo, pero lo propio va quedando cada vez más chico. Vamos a ver dónde aprendiste a postergarte y qué pasa cuando intentás no hacerlo.

Me cuesta mucho poner límites y, cuando digo que no, me siento culpable

Si poner un límite se vive como arriesgar el vínculo, la culpa aparece como alarma. En las sesiones trabajamos en situaciones concretas, por ejemplo cómo decir que no en un caso puntual, y también en lo que se activa por dentro cuando lo hacés.

Me da mucho miedo que me abandonen

Ese miedo suele estar ahí antes de que la otra persona haga nada, y por eso aparece incluso en vínculos buenos. Entender de dónde viene ayuda a separar lo que pasa hoy de lo que se aprendió antes.

Me cuesta muchísimo estar solo

Para algunas personas, estar solo no es descansar: es quedarse con algo difícil de sostener. Vale la pena mirar qué aparece en esos momentos, en lugar de taparlo con la próxima relación.

¿Cómo sé si estoy en una relación con un narcisista?

No hace falta llegar a esa respuesta para pedir ayuda. «Narcisista» es una palabra que hoy se usa mucho y no siempre con el mismo sentido. Más útil que diagnosticar al otro es mirar qué te pasa a vos en ese vínculo: si te sentís cada vez más chico, si dudás de lo que viviste, si tenés miedo de cómo va a reaccionar. Eso ya es motivo suficiente para consultar.

Ya terminó, pero sigo pensando en esa persona

Es muy común después de vínculos con mucha intensidad y mucho maltrato a la vez. El enganche no desaparece al irse. Trabajamos ese duelo, que tiene sus particularidades, y la reconstrucción de lo que quedó afuera durante la relación.

¿Y si la otra persona no quiere hacer terapia?

Podés trabajar igual. No vas a poder cambiar al otro, pero sí entender qué te hace quedarte y qué querés hacer con eso.

¿La dependencia emocional es solo en la pareja?

No. Puede darse con familiares, amistades o en el trabajo: en cualquier vínculo en el que sentís que perder a esa persona sería perderte a vos.

Modalidades

Modalidades de atención

Sesiones de 50 minutos, habitualmente semanales.

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