Manuel Rosendo FernándezLic. en PsicologíaM.P. 48254
Luna llena apagada detrás de ramas sin hojas
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Seguís funcionando, pero algo se fue apagando.

Desánimo y depresión

Cómo se vive

Dormiste nueve horas y te levantás cansado. La ducha se volvió un trámite. Los mensajes se acumulan sin contestar, no porque no te importen, sino porque responder pide una energía que no está.

Dejaste de poner música. La serie que te encantaba la abandonaste en el tercer capítulo. En una reunión te reís y participás, y en el auto, de vuelta, se te cae la cara.

No es que estés triste todo el tiempo. Es más bien como si alguien le hubiera bajado el volumen a todo.

Desánimo o depresión

No es lo mismo. El desánimo suele ser un estado: algo se apagó, cuesta más de lo habitual, pero hay días mejores, cosas que todavía te mueven y una rutina que, con esfuerzo, se sostiene. Muchas veces tiene que ver con un momento de la vida, una pérdida o un desgaste largo.

En la depresión, ese apagamiento se instala y ocupa casi todo. Dura semanas o meses y cambia cosas concretas:

  • el sueño;
  • el apetito;
  • la energía;
  • la concentración;
  • las ganas de ver gente.

Aparecen una culpa o una sensación de no valer que no se corresponden con lo que pasa, y lo que antes daba placer deja de darlo.

Entre uno y otro no hay una línea exacta, y no hace falta tener un diagnóstico para consultar. Lo importante es no esperar a que se profundice.

Qué suele haber detrás

El desánimo no es pereza ni falta de voluntad, aunque desde adentro se sienta así y alrededor alguien te diga «ponele onda». No siempre llega haciendo ruido: a veces se instala de a poco, después de una pérdida, de un período largo de exigencia o de años de postergar lo propio.

Muchas veces, lo que se apagó tiene un motivo que todavía no tiene nombre. Y mientras no se nombra, sigue apagando.

Ponerle nombre no se logra con fuerza de voluntad ni con frases de ánimo. Hace falta mirar qué se apagó en tu caso, y conviene no hacerlo solo.

Un proceso que se construye entre dos

Lic. Manuel Rosendo Fernández, psicólogo

Cada persona llega con una historia distinta y una forma particular de afrontar la vida. Por eso no creo en un acompañamiento que obligue a todos a seguir el mismo camino.

Partimos de lo que hoy te preocupa, pero también de aquello que quizás todavía no pudo ser pensado o dicho.

Lic. Manuel Rosendo FernándezMat. 48254

Para que hablar no sea solo un desahogo, sino la oportunidad de hacer algo distinto con eso.

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Cómo lo trabajamos

Al principio, cosas chicas y concretas: cómo armar el día para que pese un poco menos, qué es lo mínimo que te sostiene, qué cosa de antes se puede retomar aunque sea por diez minutos. Sin metas heroicas.

En paralelo, vamos a mirar qué se fue apagando y desde cuándo, qué cambió en ese momento, qué te dejó de importar y por qué.

Cuándo hace falta algo más

En muchos casos el trabajo psicológico alcanza. En otros, sobre todo en una depresión moderada o grave, el tratamiento funciona mejor en conjunto con un psiquiatra, que evalúa si hace falta medicación y la sigue en el tiempo. No es un fracaso ni un camino más «fuerte»: es sumar una herramienta. Si lo veo necesario, te lo voy a plantear con claridad y podemos trabajar coordinados.

La atención online también tiene límites. Cuando hay ideas de muerte o de hacerse daño, cuando la persona dejó de comer, de levantarse o de cuidarse, o cuando necesita un seguimiento más cercano, puede hacer falta un tratamiento presencial e interdisciplinario, con un equipo, y a veces una consulta en emergencias. Si ese fuera tu caso, te voy a ayudar a encontrar dónde.

No siempre llega haciendo ruido. A veces le va quitando el brillo a todo, de a poco.

Quizás sea momento de consultar si…

  • hace semanas que casi nada te entusiasma.
  • te cuesta levantarte o sostener lo básico del día.
  • dormís o comés mucho más o mucho menos que antes.
  • te cuesta concentrarte o tomar decisiones simples.
  • te aislaste de la gente que querés.
  • sentís una culpa o un cansancio que no se van.
  • la gente cercana te dice que te nota apagado.

Importante: si aparecen pensamientos de que nada tiene sentido o ideas de hacerte daño, no esperes. Podés llamar o escribir al 988, la línea de crisis y prevención del suicidio, que atiende las 24 horas y también en español. Si estás en peligro, llamá al 911. Si estás fuera de Estados Unidos, buscá la línea de tu país o llamá a emergencias.

Preguntas frecuentes

No tengo ganas de nada

Cuando las ganas desaparecen, casi siempre algo se fue apagando de a poco. No es pereza ni falta de voluntad. Al principio nos ocupamos de cosas chicas y concretas, como armar el día para que pese un poco menos, y en paralelo buscamos qué se apagó y desde cuándo.

Duermo un montón y me levanto cansado

El cansancio del desánimo no se arregla durmiendo, porque no viene solo del cuerpo. Si hace semanas que te pasa, vale la pena consultar. A veces conviene también una evaluación médica, para descartar otras causas.

Me cuesta levantarme a la mañana

Cuando el día pesa antes de empezar, levantarse se vuelve una montaña. Empezamos por lo mínimo que te sostiene y por qué cosa de antes se puede retomar, aunque sea diez minutos. Sin metas heroicas.

Con la gente estoy bien, pero cuando me quedo solo se me cae todo

Es muy frecuente: hacia afuera se sostiene la imagen, y el esfuerzo se paga cuando nadie mira. Ese desgaste es parte de lo que vale la pena trabajar.

Ya nada me entusiasma como antes

La pérdida de interés por lo que antes te gustaba es una de las señales más claras del desánimo. Si se sostiene en el tiempo, vale la pena consultar. Muchas veces lo que se apagó tiene un motivo que todavía no tiene nombre.

¿Cómo sé si es tristeza o depresión?

La tristeza suele tener un motivo claro y se mueve: hay días mejores y peores. En la depresión, el desánimo se queda, ocupa casi todo y cambia cosas concretas, como el sueño, el apetito, la energía o las ganas de ver gente. Si dudás, vale la pena consultar.

¿Voy a necesitar medicación?

Depende de cada caso. Muchas personas trabajan el desánimo solo con psicoterapia. En una depresión moderada o grave, el tratamiento combinado con un psiquiatra suele dar mejores resultados. La indicación de medicación la hace siempre un médico psiquiatra, y podemos trabajar en conjunto.

¿El acompañamiento online sirve para la depresión?

Sí, en muchos casos. Cuando hay riesgo, ideas de hacerse daño o hace falta un seguimiento más cercano, lo adecuado es un tratamiento presencial con un equipo. Lo evaluamos desde el primer encuentro y, si hace falta, te ayudo a encontrar ese espacio.

Modalidades

Modalidades de atención

Sesiones de 50 minutos, habitualmente semanales.

Podés escribirme

Contame en pocas palabras qué te trae y coordinamos una primera entrevista.

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