Cómo se vive
Contestás un mail a las once de la noche porque total es rápido. Decís que sí antes de terminar de escuchar la pregunta. Tachás tres cosas de la lista y aparecen cinco.
Un martes a la noche te sentás a mirar una serie y a los diez minutos ya estás pensando en lo que dejaste sin hacer. Si te tomás un respiro, aparece la culpa. Y en las vacaciones, justo cuando aflojás, te enfermás.
No pasa solo en el trabajo. Está en la madre o el padre que siente que nunca alcanza, en quien cuida a un familiar enfermo y no se da permiso para estar cansado, en el estudiante que vive cada examen como una prueba de quién es, en el emprendedor para quien todo tiempo libre es plata que pierde. Y también en el ocio: el gimnasio que se vuelve otra obligación, las vacaciones planificadas como un proyecto.
El cuerpo avisa antes: la contractura que no se va, el dolor de cabeza de los viernes, el insomnio de los domingos. Y en algún momento llega un cansancio que no se arregla durmiendo, la sensación de hacer todo en automático y de no estar del todo en ningún lado.
Estrés, autoexigencia y burnout
Están relacionados, pero no son lo mismo:
- El estrés es la respuesta a una demanda: un pico de trabajo, una mudanza, una época difícil. Cuando la demanda baja, suele bajar.
- La autoexigencia es la voz de adentro que pide más aunque afuera nadie lo pida. No se apaga cuando termina la semana.
- El burnout, o síndrome de desgaste profesional, es lo que puede aparecer cuando esa exigencia se sostiene durante mucho tiempo, sobre todo en el trabajo. Se reconoce por tres cosas: un agotamiento que no se recupera descansando, una distancia o cinismo con lo que hacés («ya no me importa», «me da todo igual») y la sensación de no rendir, aunque sigas haciendo lo mismo de siempre.
Se lo ve mucho en profesiones de cuidado, como salud o docencia, en trabajos con mucha responsabilidad y poco control, y en quienes trabajan desde casa sin horario de cierre.
Bajar un cambio no se consigue con una semana de vacaciones ni con otra lista de pendientes. Hace falta entender qué te empuja a no parar, y conviene no hacerlo soloSí, ya sé: preferís arreglártelas solo. Justamente por eso..

