Manuel Rosendo FernándezLic. en PsicologíaM.P. 48254
Un pez frente al vidrio de una pecera, mirando su propio reflejo
← Motivos de consulta

Te mirás con más dureza de la que usarías con cualquier otra persona.

Autoestima, cuerpo y comida

Cómo se vive

Te sacás diez fotos para subir una, y después la borrás. Te cambiás tres veces antes de salir y terminás con lo de siempre. Este verano tampoco fuiste a la pileta.

Si alguien te dice que algo te salió bien, pensás que lo dice por compromiso. En el espejo te decís cosas que no le dirías a nadie, y mirando historias de Instagram te comparás con gente que ni conocés.

A veces esa mirada termina en el plato. Comés parado frente a la heladera abierta, rápido, casi sin sentir el gusto, y la culpa llega antes del último bocado. En un cumpleaños estás más pendiente de la mesa que de la gente. Y siempre vuelve la promesa: el lunes empiezo.

Qué suele haber detrás

Muchas veces, esa mirada se aprendió en algún lado. Un comentario en la mesa familiar que se repitió durante años, el apodo del colegio, la comparación con un hermano, un vínculo en el que nada alcanzaba. Con el tiempo, esa voz de afuera se volvió tuya.

Y la comida casi nunca es solo comida. Calma después de un día difícil, acompaña cuando no hay nadie, premia, castiga. Por eso «quererse más» no suele funcionar como consejo, y las dietas, por sí solas, suelen fallar: atienden la superficie y dejan de lado de dónde viene todo.

Esa voz no cambia repitiendo frases positivas ni empezando otra dieta. Hace falta entender de dónde viene en tu caso, y conviene no hacerlo solo.

Un proceso que se construye entre dos

Lic. Manuel Rosendo Fernández, psicólogo

Cada persona llega con una historia distinta y una forma particular de afrontar la vida. Por eso no creo en un acompañamiento que obligue a todos a seguir el mismo camino.

Partimos de lo que hoy te preocupa, pero también de aquello que quizás todavía no pudo ser pensado o dicho.

Lic. Manuel Rosendo FernándezMat. 48254

Para que hablar no sea solo un desahogo, sino la oportunidad de hacer algo distinto con eso.

Más sobre mi recorrido →

Cómo lo trabajamos

Vamos a escuchar con atención qué te decís y cómo te lo decís, y en qué momentos se pone más fuerte: antes de un encuentro, frente a una foto, después de comer. Si la comida está en juego, también vamos a mirar qué pasa antes y después: qué estabas sintiendo, qué día habías tenido, qué te dijiste.

No te voy a dar una dieta ni a contar calorías con vos; cuando hace falta, trabajo en conjunto con médicos o nutricionistas. La idea es que esa voz deje de tener la última palabra: que puedas ir a la pileta, subir la foto o comer en un cumpleaños sin que se te arme una discusión por dentro.

La forma en que nos vemos no empezó frente al espejo. Tiene una historia, y esa historia puede ser revisada.

Alcances y límites de este espacio

Este espacio, online, está pensado para trabajar la mirada sobre uno mismo y la relación con la comida y el cuerpo cuando todavía se puede sostener la vida cotidiana: la voz crítica, la comparación, la culpa, los atracones ocasionales, las dietas que empiezan y se abandonan. También podés llegar acá después de un tratamiento, para sostener lo logrado.

Hay situaciones que necesitan otro encuadre. Cuando hay un trastorno de la conducta alimentaria con riesgo para la salud (restricción severa, pérdida de peso importante, vómitos o conductas para compensar), o cuando la percepción del propio cuerpo se distorsiona tanto que ocupa casi todo, el tratamiento adecuado es presencial e interdisciplinario, con un equipo que pueda hacer controles físicos y un seguimiento cercano. Eso no se puede hacer bien a través de una pantalla. Si en la primera entrevista veo que es tu caso, te lo voy a decir con claridad y te voy a ayudar a encontrar un equipo especializado.

Quizás sea momento de consultar si…

  • dejaste de hacer cosas por cómo te ves.
  • te cuesta aceptar un elogio.
  • la comparación con otros te arruina el día.
  • pensás en la comida buena parte del día.
  • sentís que perdés el control cuando empezás a comer, o la culpa te dura horas.
  • hiciste un tratamiento y querés seguir trabajando para sostenerlo.

Importante: si notás una pérdida de peso importante, si pasás días casi sin comer, o si después de comer vomitás o hacés algo para compensar, es importante que te vea un médico cuanto antes, y en esos casos el tratamiento indicado es presencial, con un equipo especializado. Si estás en una situación de urgencia, llamá al 911 (o al número de emergencias de tu país) o acercate a la sala de emergencias más cercana.

Preguntas frecuentes

No puedo dejar de pensar en mi cuerpo

Cuando el cuerpo ocupa tanto lugar en la cabeza, casi nunca es solo una cuestión de cómo se ve: suele cargar otras cosas, como el miedo a no gustar o a no estar a la altura. En las sesiones escuchamos qué te decís sobre tu cuerpo y de dónde viene esa mirada.

Me comparo todo el tiempo

La comparación casi siempre es injusta: comparás tu adentro con el afuera de los demás. Y suele intensificarse cuando ya te estás sintiendo mal. Trabajamos en qué te pasa cuando aparece y qué parte de vos se queda siempre con las de perder.

No puedo dejar de pensar en la comida

Cuando la comida ocupa buena parte del día, deja de ser solo comida: calma, premia, castiga, acompaña. Vamos a mirar qué pasa antes y después de comer, qué estabas sintiendo, qué día habías tenido. Si hace falta, trabajo en conjunto con médicos o nutricionistas.

Siento culpa después de comer

La culpa suele venir de una regla interna que se rompió. El problema es que la culpa no ordena la alimentación: muchas veces alimenta el ciclo de restringir y después perder el control. Trabajar esa voz es parte central del proceso.

¿Cómo sé si mi relación con la comida se volvió un problema?

Algunas señales: pensar en la comida buena parte del día, sentir que perdés el control cuando empezás, culpa que dura horas, evitar comer delante de otros o compensar después de comer. Si te reconocés en algo de esto, vale la pena consultar. Si hay pérdida importante de peso o conductas para compensar, es importante que también te vea un médico.

Dejé de hacer cosas por cómo me veo

Cuando la mirada sobre el cuerpo empieza a decidir qué hacés y qué no, como ir a la pileta, sacarte una foto o salir, ya no es un detalle. La idea del trabajo es que esa voz deje de tener la última palabra.

¿Se trata de quererse más?

No exactamente. Se trata de entender de dónde viene esa mirada tan dura y de que deje de decidir por vos qué podés hacer y qué no.

¿Hace falta tener un trastorno alimentario para consultar?

No. Muchas personas consultan porque sienten que su relación con la comida o con su cuerpo les ocupa demasiado lugar, aunque no tenga un nombre. Ese es motivo suficiente. Y si lo que te pasa ya es un trastorno con riesgo para la salud, lo indicado es un tratamiento presencial con un equipo, y te ayudo a encontrarlo.

¿Se puede tratar un trastorno alimentario online?

Depende de la gravedad. Algunas dificultades con la comida y la imagen corporal se pueden trabajar bien online. Cuando hay riesgo para la salud, hace falta un tratamiento presencial e interdisciplinario, con controles médicos. Lo evaluamos desde el primer encuentro, con honestidad.

¿Me vas a dar un plan de alimentación?

No. Mi trabajo es psicológico. Si hace falta un plan, lo arma un nutricionista o un médico, y se puede trabajar en conjunto.

Modalidades

Modalidades de atención

Sesiones de 50 minutos, habitualmente semanales.

Podés escribirme

Contame en pocas palabras qué te trae y coordinamos una primera entrevista.

Escribime por WhatsApp